
Después de haberle dedicado amor y cercanía “virtual”, esta vez los 20 mil seguidores de Viola están listos para abrazarlo en vivo.
Todo está listo para el abrazo, mucho más que simbólico. Dentro de unas horas, Edoardo Bove regresará por primera vez, como espectador, al estadio Artemio Franchi, en las gradas para apoyar de cerca a sus compañeros, con una perspectiva diferente a la habitual, pero con la misma implicación. Pasa la mayor parte del día con ellos en “Viola Park” porque no puede entrenar, pero participa en todas las demás actividades diarias, incluidas las reuniones técnicas. Hoy, sin embargo, es un día diferente, con un sabor muy particular porque estará en las gradas junto a otras 20.000 personas para ver el Fiorentina-Udinese previsto a las 18.30 horas.
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Y será el público de Florencia quien hará el resto. La Curva Fiesole ya le ha dedicado pancartas y cánticos, llenándolo de cariño desde aquel primer diciembre en el que cayó enfermo en el terreno de juego y se desplomó en el suelo, en medio del terror general. A partir de aquel minuto 17 de la primera parte del Fiorentina – Inter, el centrocampista se convirtió en “Edo” para todos en Florencia. Un chico al que se le puede dedicar amor y cercanía, sin necesariamente juzgarlo en el campo como el Bove-futbolista. Hoy será una emoción para todos. Para él, para la familia (su padre Giovanni estuvo en la grada del Fiorentina-Cagliari hace dos semanas), para el club, para el equipo que no le suelta ni un momento, empezando por Raffaele Palladino, y para el fanáticos. Todo esto hace que el partido de esta noche sea especial, como también lo fue el día en que recibió el alta del hospital de Careggi, donde le implantaron el desfibrilador subcutáneo, y cuando regresó por primera vez al “Viola Park” el 14 de diciembre. También hoy es una primera vez, que seguramente no será única, pero para todos verlo de nuevo en el estadio es un motivo más de alegría y para sus compañeros una oportunidad, con la esperanza de dedicarle otro gol, como a su amigo. Lo había hecho Danilo Cataldi con el Cagliari. Esta vez sin embargo, en caso de celebración, no será necesario enviarle una dedicatoria a través de la cámara, sino que bastará con volverse hacia él. Todo sin pantallas.
