
En la cola de envoltorios de Douglas o en las compras digitales: vuelve a ser hora de regalar. ¡Y qué caro es todo! Pero eso no es nada comparado con lo que los multimillonarios del mundo ponen debajo del árbol. Un perfume que cuesta 1,1 millones o una botella de whisky que cuesta 2,5 millones, parece imposible.
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