
Lo primero que hace Christiaan Verbeek cuando llega a la casa de verano de su madre en Texel desde su ciudad natal, Rotterdam, es subir a la duna. Luego contempla las reservas naturales de Slufter y Muy y respira aliviado. “Creo que ahí está la creación”, dice Christiaan con una amplia sonrisa en el rostro. “Luego daré un largo paseo y dejaré atrás los problemas de la ciudad”.
Ha incorporado la sensación que la naturaleza rugosa y el espacio de Texel le dan a Christiaan en doce composiciones. Los llamó Texelodes. “A partir de mis piezas musicales se emprende un viaje por la isla”, dice Christiaan. “En la música se oye el rugido de la tormenta en el Slufter, las olas del mar, pero también el silencio y los pájaros.” Además, Verbeek también quiso reflejar en su música su propia lucha con la vida y el papel que juega Texel en ella. “En Texel me relajo. Puedo solucionar mejor los problemas y cuando estoy triste, allí encuentro consuelo. Eso también se refleja en mi música”, explica Christiaan.
