
Como ayudante de cartero, el demandado era responsable, entre otras cosas, de la distribución del dinero de la pensión. Si un pensionista no estaba en casa, tenía que escanear la tapa de plástico sellada. Cuando regresó a la oficina, tuvo que volver a escanear la cubierta en una llamada máquina de recuperación y luego depositarla en esa caja fuerte.
Pero aparecieron irregularidades y se perdieron las portadas. La investigación condujo al holandés, que retuvo cuatro sobres con el dinero de la pensión. En Blankenberge, por ejemplo, ahorró 1.532 euros.


