
«Tún administrador genovés, el nuestro “buen chico”me dijo que me quedara callada y que no dijera nada a nadie”. así es como es Francesca Ghio, concejala municipal de Génovadecidió romper el silencio, revelador ante el Consejo su dolorosa experiencia de violencia. Una historia que, aunque desgarradora, se ha convertido en un acto de denunciaun recordatorio urgente para la sociedad y las instituciones, que con demasiada frecuencia prefieren mirar para otro lado.
El testimonio de Francesca Ghio
Francesca Ghio, de 31 años, no ocultó la paradoja de la violencia que afecta a una joven que no vive en una familia al margen de la sociedad, sino en la parte más rica de la sociedad. «Tenía 12 años, vivía en el corazón de Génova»dijo. Esa violencia, que tuvo lugar dentro de los muros de su casa, tuvo un impacto devastador en su vida. «Por un tiempo de mi vida me resigné, hasta que creí que lo había pedido, que lo había merecido», explicó, reflexionando sobre un pasado que la marcó profundamente. La concejala destacó cómo el sistema no sólo la ignoró, sino que la empujó a pensar que era culpa suya.
El silencio cómplice de la sociedad
Su denuncia no se limitó únicamente a la reconstrucción de los hechos. “Hoy miro hacia atrás y décadas después nada ha cambiado”, afirmó Ghio, señalando un fenómeno que va mucho más allá de su historia personal. «Los hombres siguen violando en el silencio cómplice de la sociedad», afirmó, señalando con el dedo a un sistema que no ofrece a las víctimas las herramientas necesarias para denunciar y que a menudo prefiere permanecer en silencio antes que afrontar la realidad. A silencio lo cual, añadió, es igualmente culpable tanto como el acto de violencia en sí.
Francesca Ghio, un gesto de valentía y responsabilidad
Su testimonio en el Ayuntamiento no es sólo un acto de valentía, sino también una llamada a la responsabilidad. «Soy voz, soy bandera, mi cuerpo es político.», declaró, citando el canción de Giulia Mei. Para Francesca Ghio, ser representante de las instituciones significa también asumir la tarea de hacer avanzar las peticiones de quienes no tienen voz. Las palabras del concejal son una llamamiento a todas las mujeres que sufren violencia y a todas las personas que, a través de su visibilidad y privilegio, pueden marcar la diferencia.
Una invitación al cambio
Su discurso termina con una crítica a las instituciones: «Tenemos un problema, tenemos las soluciones, simplemente deberíamos optar por aplicarlas.» La esperanza de Francesca Ghio es que, algún día, la Día contra la violencia hacia la mujer no se convierte en un ritual de contar números, sino en una oportunidad para actuar concretamente. “La única diferencia es que ya no permaneceremos en silencio”, concluyó, subrayando que por fin ya no se puede ignorar la voz de las mujeres.
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