
El acuerdo sobre el contrato 2022/24 para los 193.851 empleados de ministerios, agencias tributarias y organismos públicos no económicos como el INPS, Inail, Aci, etc. llega después de cuatro meses de negociación. El acuerdo pone en vigor incrementos medios de 165,85 euros brutos mensuales, casi la mitad de los cuales se adelantaron para 2024 con cargo al subsidio de vacaciones supercontractual pagado a finales del año pasado, y atrasos de alrededor de 850 euros, también reducidos respecto a habitual desde el avance de diciembre pasado. Pero hay muchas novedades que trascienden el nivel económico y el regulatorio, empezando por el reconocimiento de vales de comida por los días pasados en trabajo flexible anclado a un horario convencional. Para los puestos organizativos, que asignan mayores tareas y responsabilidades sin dar lugar a un ascenso real, la asignación puede aumentar hasta 3.500 euros al año (el límite anterior era de 2.600 euros). En materia de “progresiones”, es decir, ascensos reales en la escala jerárquica, el nuevo contrato prorroga la exención hasta junio de 2026, lo que también abre las puertas a quienes no tienen las cualificaciones exigidas por el nuevo sistema profesional para los distintos niveles jerárquicos (básicamente, grado y 5 años de experiencia, o diploma y 10 años de experiencia para ser asistentes o funcionarios).
El preacuerdo, que ahora deberá pasar los controles rituales de la Contaduría General y del Tribunal de Cuentas antes de llegar a la firma definitiva y, por tanto, a la entrada en vigor de las nuevas normas, fue firmado por XXX, YYY, ZZZ. En cambio, el bolígrafo quedó en el bolsillo de los representantes de CGIL y UIL, siglas que en los últimos días han proclamado una huelga general para el 29 de noviembre contra la maniobra.
Los fondos para el contrato 2022/24 fueron asignados en gran medida por la ley de presupuesto del año pasado, pero la nueva maniobra también fue decisiva para construir el escenario que condujo al acuerdo. De dos maneras: un nuevo ajuste de los límites de los fondos descentralizados, en primer lugar, permitió llevar los aumentos al 6%, una cifra redonda que ciertamente ayudó. Pero, sobre todo, impulsada por las nuevas reglas fiscales comunitarias que obligan a los Estados a predefinir la trayectoria del gasto plurianual, la ley presupuestaria ya asigna los recursos para las dos próximas rondas contractuales (5.550 millones para 2025/27 y 6,11 para 2028/30). para el sector estatal) definiendo por primera vez de antemano el terreno económico para las próximas negociaciones. Precisamente por ello, en una declaración conjunta adjunta al acuerdo, Aran y los sindicatos firmantes piden que los controles del preacuerdo “se completen rápidamente”, para luego “iniciar las negociaciones para el nuevo trienio 2025/ 27 lo antes posible”. )”, donde están en juego incrementos medios de 158 euros. También porque, como subrayaron el Istat y el Tribunal de Cuentas en las audiencias del pasado martes sobre la ley presupuestaria en las comisiones mixtas presupuestarias de la Cámara y el Senado, la costumbre consolidada de asignar recursos adicionales año tras año contribuyó significativamente a los retrasos en las firmas que socavaron la eficacia de las renovaciones de contratos del sector público.
Una vez fijadas las bases económicas, las negociaciones continuaron hasta ayer sobre una serie de innovaciones, especialmente regulatorias, impulsadas en particular por una serie de solicitudes de Flp, que supo aprovechar la posición decisiva que le ofrecía el “niet” de la CGIL. y a la UIL por lograr la mayoría necesaria para el acuerdo. De estas medidas surgió el relanzamiento del smartworking con la norma contractual que reconoce los vales de comida incluso en los días de trabajo inteligentes, superando así la anarquía actual que reconoce o no los tickets en función de las decisiones de cada administración. En la lucha por el trabajo inteligente, también desempeñará un papel clave la negociación integradora, que el acuerdo nacional, con un requisito importante también para los demás sectores, pide ahora “comenzar normalmente en abril del año de referencia”. El inicio de primavera es esencial para dar un contenido efectivo a los complementos, que ahora tendrán que abordar, entre otras cosas, las categorías de trabajadores a los que se debe dar prioridad en la asignación del trabajo inteligente, junto con aquellos con necesidades especiales de salud o la protección de miembros de la familia o niños ya cubiertos por el acuerdo nacional.
El nuevo contrato amplía los permisos para visitas y exámenes especializados y abre la experimentación con la semana de cuatro días, que sin embargo puede iniciarse siempre que se cumplan “la jornada laboral ordinaria de 36 horas semanales” y el “nivel de servicios”. se mantiene sin cambios y se entrega a los usuarios”. En definitiva, las sucursales no podrán permanecer cerradas un día a la semana, en un experimento que, por tanto, parece adaptado a las necesidades de administraciones centrales de tamaño limitado y sin relación directa con el público.



