
Aunque no sabemos si nuestra calle celebra Halloween, aun así trajimos dulces a nuestra casa. El teléfono suena a las siete y media. Delante de la puerta había unos cinco niños pequeños, todos vestidos de forma “aterradora”. Uno lleva un traje de fantasma clásico y real. Una sábana blanca con ojos negros y llorosos. Media hora más tarde vuelve la llamada. El traje fantasma vuelve a estar entre el grupo. ¿Es esto lo mismo ahora? Cuando le pregunto si no ha estado aquí antes, el fantasma responde tímidamente: “No señor, ese era mi hermano. Sólo tenemos un traje”.
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