
Ante el Cittadella, el Estadio Mapei volvió a acoger a su número 10. Mimmo vuelve a partir de la segunda división, 11 años después de su debut con el neroverdi.
El sábado por la tarde volvió a brillar el sol de Reggio Emilia. No sólo por los 6 goles que Sassuolo marcó contra el Cittadella o por el solitario tercer puesto con -4 del líder Pisa. En el minuto 74, el Estadio Mapei recibió de nuevo a su número 10 y capitán, Domenico Berardi, 7 meses después de aquella terrible rotura del tendón de Aquiles. fue el 3 de marzo de 2024, Sassuolo perdió en un solo partido (en Verona) y a su mejor jugador. A partir de ahí comenzó la caída libre hacia una Serie B que parecía inevitable: los neroverdi registraron 5 derrotas, 2 victorias y 4 empates en las últimas 11 jornadas. Mimmo observó, impotente, cómo el barco se hundía desde casa. Hoy está listo para tomar el equipo sobre sus hombros y regresar a la Serie A. Como hace once años, cuando siendo adulto escribió la primera parte de la historia del cuento de hadas del Sassuolo.
216 DÍAS DESPUÉS
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De la pesadilla de Verona pasaron 216 días hasta que Berardi volvió a los terrenos de juego. El sábado por la tarde, Grosso lo envió al campo durante el último cuarto de hora. Mimmo entró con la misma sonrisa de un niño que debuta con los adultos por primera vez. Y por si fuera poco, enseguida intervino en la asistencia para el 6-1 definitivo para Thorstvedt, que marcó un doblete. Aclamado por un estadio Mapei semidesierto, Berardi volvió a pisar un campo tan querido para él, el de casa, el del póquer en Milán, el de las grandes noches contra los grandes equipos de la Serie A. Esta vez, sin embargo, el escenario era el de la Serie B, recuerdos claros para Mimmo. El B lo jugó sólo una vez, la temporada 2012-13, la que rima con historia. Berardi era un joven de 18 años, listo para tomar vuelo: los primeros tiros libres en la escuadra, los primeros tiros curvados, las primeras zancadas. El resultado fue emblemático: 11 goles y 6 asistencias, Sassuolo logró su primer ascenso a la Serie A.
PROMOCIÓN HISTÓRICA
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Si se pregunta a cualquier aficionado neroverde cuál es el partido que más le gusta, difícilmente responderá el del Lucerna, que coincidió con su debut absoluto en Europa. La respuesta será siempre la misma: Sassuolo-Livorno, 18 de mayo de 2013, última jornada de la Serie B. El campeonato está decidido. El equipo de Di Francesco es primero con 82 puntos, sólo dos puntos por detrás está el de Davide Nicola. El partido se juega en Braglia, la “casa” de los Neroverdi antes de que la familia Squinzi abriera las puertas del estadio Mapei. Hasta el minuto 95 fue una corrida: errores sensacionales de cara a portería, faltas y tres expulsiones. Uno de ellos fue precisamente aquel joven de la camiseta 25, amonestado y expulsado entre el 65′ y el 77′ por doble tarjeta amarilla junto a Fiorillo, culpable de haberlo golpeado fuertemente tras su caída en el área. A los 18 años, Berardi ya sentía el peso de hacer valer esos 11 goles y 6 asistencias que habían llevado al Sassuolo a jugarlo todo en la foto final. En el minuto 96 se hizo la historia: con 9 contra 10 – Antei expulsado en el minuto 57 – Missiroli, con la cabeza vendada, superó a Mazzoni en el contraataque y enloqueció al mundo del Sassuolo. La imagen de Di Francesco corriendo y abrazando al recogepelotas como si fuera su hijo lo dice todo: Sassuolo está en la Serie A por primera vez en la historia.
CONDUCTOR
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Del partido contra Livorno al de Cittadella pasaron once años, una Eurocopa con Italia, una rotura del tendón de Aquiles y 314 partidos en la Serie A. Además de años llenos de dobles cifras de goles y asistencias. El Berardi de aquel histórico ascenso de 2013 es un chico sencillo, todavía un poco inmaduro e indisciplinado, pero con talento de sobra. Hasta el año anterior que jugó en la Primavera no marcaba mucho (5 goles) pero técnicamente valía más que esa categoría. La llegada de Di Francesco en 2012 al Sassuolo, tras el fracaso en Lecce y el ascenso a la Serie B con el Pescara, abrió las puertas a Mimmo. Los pilares de aquella andadura fueron él, Boakye, Pavoletti y Terranova, defensor-goleador con 11 goles, como los otros tres. El 4-3-3 de Di Francesco fue una sinfonía perfecta que sonó de memoria. Durante 18 días seguidos el Sassuolo se mantuvo en lo más alto de la tabla, convirtiéndose en campeón de invierno con 48 puntos. Berardi explotó en la segunda mitad de la temporada: 4 goles en un mes (febrero-marzo) coincidieron con cuatro victorias que dieron a los Neroverdi el sprint decisivo. Hubo todo tipo de tiros con clase: tacones, tiros libres ganadores y esa baldosa entrando por la derecha que se convertiría en su marca registrada en los años siguientes. Sassuolo cerrará esa memorable temporada con el mejor ataque (78 goles).
OBJETIVO SERIE A
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Hoy Grosso, que hace un año llevó al Frosinone a la Serie A, puede contar con un verdadero intérprete del carril derecho después de experimentar, sin éxito, con Boloca, Kumi, Volpato y Thorstvedt. Por la izquierda Laurientè hace lo suyo, pero en Catanzaro, en el minuto 95, falló el penalti que sumó los tres puntos. Berardi lleva el 85% de los penaltis marcados en su carrera. Por aquí también pasará el campeonato del Sassuolo, que ahora ve la cima un poco más cerca después de un inicio irregular y un futuro más próspero de cara a su regreso a la Serie A gracias al regreso de su jugador más fuerte. Que espera olvidar pronto la lesión y revivir una temporada de cuento de hadas, exactamente como hace once años.
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