
La oferta por la que fui específicamente al supermercado está agotada. Como no necesito nada más, salgo de la tienda sin realizar ninguna compra. Pero no tengo ningún recibo con el que tener que abrir la puerta de la plaza de escaneo. Le pregunto a una empleada que vigila la puerta si quiere dejarme salir. Sin mover un músculo, su respuesta inmediata es: “¿Con o sin cinturón?”
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