
Después del partido del sábado pasado me subí al coche y di la vuelta a nuestra rotonda tocando la bocina con fuerza. Con mi camisa naranja. Yo vivo en Francia. Después de diez minutos fui detenido por la Policía Nacional y encarcelado tras ser duramente interrogado. Que yo Ollander lo fue, y el hecho de que los franceses circularon ayer por la misma rotonda durante tres horas tocando la bocina, no fue un factor. A la mañana siguiente mi esposa me recogió en la comisaría y recuperé mi cinturón y un cordón de zapato. Sólo tuve tiempo de gritar ‘À mercredi’.
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