
Hacia las once y media de la noche, en nuestra calle tranquila, había un enorme Ferrari gris.
Debajo del limpiaparabrisas había una nota húmeda con patas de gallo originales, al parecer de un niño de unos diez años. Si su madre, que acababa de cumplir años, podría acompañarla un rato.
Ella pensaba que los Ferrari eran tan hermosos y quería…
Me conmoví. Pero es una pena que el niño se haya olvidado de incluir su dirección o número de teléfono.
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