
Filippo Turetta confesó el asesinato de Giulia Cecchettin. Lo hizo durante un largo interrogatorio, ante el fiscal, en la prisión de Verona. Un interrogatorio que duró 9 horas, en el que Turetta intentó poner orden en lo ocurrido la tarde del 11 de noviembre, cuando mató a su exnovia de más de 20 puñaladas.
El reloj fuera de la prisión de Verona dice que han pasado nueve horas desde que la defensa – los abogados Giovanni Caruso y Monica Cornaviera – y el fiscal de Venecia Andrea Petroni abandonaron la prisión después de conocer, por primera vez, los detalles de lo ocurrido la tarde del el asesino.
Según ha trascendido, Turetta no se limitó a declaraciones espontáneas, como ocurrió hace dos días ante la jueza de instrucción Benedetta Vitolo. Esta vez explicó, no sin dudas, cómo y por qué, después de una velada con Giulia Cecchettin en un centro comercial de Marghera, decidió detener su Gran Punto negro en el aparcamiento de Vigonovo (Venecia), a unos 150 metros de la casa de Cecchettin.
La reconstrucción de Turetta
El último ‘no’ de Giulia habría desatado la furia asesina de Turetta, que no se detuvo ante los gritos aterrorizados de la niña (“¡me haces daño!”. Giulia Cecchettin no pudo escapar. El asesino le tapó la boca con cinta adhesiva para rematar). La joven fue asesinada con al menos 25 puñaladas en la zona industrial de Fossò, puñaladas que alcanzaron a la chica entre el cuello y la cabeza, lo que confirma la intención asesina de Turetta.
Giulia Cecchettin murió desangrada
Fueron los primeros hallazgos de la autopsia que aclararon que Giulia Cecchettin murió desangrada. Su cuerpo, ya sin vida, fue abandonado cerca del lago Barcis, tras una fuga de más de cien kilómetros. Turetta, por su parte, se limitó a palabras rituales. Dijo estar “desconsolado, arrepentido por la tragedia” y dispuesto a afrontar las “responsabilidades” que le esperan, pero todavía está intentando “reconstruir” en su cabeza “las emociones y lo que se desencadenó en mí esa noche”.



