
El segundo disco del australiano se mueve con maestría entre el hip hop, el R’n’B y el hiperpop.
Una característica de la música moderna tardía es el estilo “todo vale”, que se impuso entre los artistas progresistas a más tardar en la década de 2010. Tkay Maidza es alguien que domina virtuosamente este juego. Nació hace 27 años en Zimbabwe, creció en Australia y ahora vive en Los Ángeles, lo que facilita explicar la causa de su multiestilismo con las diferentes culturas en las que ha vivido.
Su debut, TKAY (2016), le valió a la artista comparaciones con su colega MIA. Es una coexistencia impresionante de hip hop, R’n’B, trap, dancehall, grime y 2step. Después de esta tormenta musical, regresa la calma con DULCE JUSTICIA. Su sentido de la melodía, que se puede ver en el debut, se vuelve más evidente, los arreglos de las canciones pasan del maximalismo intransigente a la reducción.
El álbum mezcla géneros, difuminando los límites entre lo convencional y lo underground. Entre todos los diseños hiperpop, “WASP”, un tema R’n’B de la vieja escuela con órgano Hammond y vibraciones de los 90, no parece un cuerpo extraño. En general, SWEET JUSTICE es una especie de inventario de música pop bailable contemporánea. Pero también una nota para los pesimistas culturales: del desarrollo ulterior de lo viejo surgen cosas nuevas.
