
El Festival de Cine de Roma alcanza su mayoría de edad. Y, para la ocasión, también parece haber decidido el rumbo a tomar. Dejando a un lado la ambición de competir con Venecia que ha caracterizado muchas ediciones pasadas, la manifestación capitolina, organizada por Malanga y Farinelli por segundo año consecutivo, apuesta por el territorio y su vínculo con el séptimo arte. Terminando así dando un amplio espacio a la producción nacional y presentando uno al lado del otro varios géneros: documentales, animación, música, series de televisión y comedia. Como el elegido para la inauguración de su 18ª edición: todavía hay mañana, el debut como directora de Paola Cortellesi que se labra un papel al estilo Anna Magnani (casualmente, la protagonista del cartel del evento). Y trae a la pantalla un fresco de la capital en la inmediata posguerra, en una especie de “Roma, una ciudad abierta 80 años después” que deja gratamente sorprendido.
Un blanco y negro de tiempos pasados
Rodada en blanco y negro que recuerda a las obras maestras de Roberto Rossellini y al neorrealismo, la ópera prima de la polifacética actriz romana deja en un segundo plano el drama, en todos sus componentes (las secuelas del conflicto que acaba de terminar, la el hambre diaria, la pobreza generalizada, la violencia doméstica) y prefiere optar por el sabor agridulce propio de tanta comedia italiana. Y la rendición final parece darle la razón.
Cortellesi se reserva el papel de protagonista -la polifacética Delia que compagina entre las tareas del hogar, el cuidado de sus tres hijos y los trabajos de costurera y enfermera con los que llegar a fin de mes- y, para hacer aún más realista la operación, se rodea de un elenco compuesto casi en su totalidad por sus conciudadanos conocidos por el gran público: desde el violento marido y padre maestro Valerio Mastandrea (Ivano) hasta el amor fallido Vinicio Marchioni (Nino), desde el déspota suegro Giorgio Colangeli (Ottorino) a la cómplice y confidente Emanuela Fanelli (Marisa).
El resultado es una imagen global muy unida y creíble que también permite al director realizar algunos trucos técnicos que no afectan a la credibilidad de toda la operación. De lo contrario. Pensemos en el paso del formato 4:3 de la primera secuencia al panorámico del resto de la película que ayuda inmediatamente a ampliar la mirada (y la pantalla) o la huida-refugio en el musical a través del cual atenúa la Impacto visual de las escenas de violencia sufridas/presenciadas.
En el centro está la condición de la mujer.
El principal mérito de la película – producida por Mario Gianani y Lorenzo Gangarossa para Wildside (sociedad del grupo Fremantle) y Vision Distribution (del grupo Sky) y que estará en salas a partir del 26 de octubre – es el de tomar una tema principal (como la condición femenina en la inmediata posguerra) y mostrarlo en todas sus facetas. Por un lado, historizándolo, como lo demuestra la importancia otorgada al referéndum sobre la República y la Monarquía del 2 de junio de 1946, que contó por primera vez con la presencia de mujeres en las urnas en nuestro país; por otro, actualizándolo, porque las noticias de nuestro país están llenas a diario de acosos y abusos como el que sufre Delia en pantalla.
En este sentido también ayuda la banda sonora, que abarca géneros y décadas, ayudando al autor a subir o bajar el tono de toda la historia según las necesidades. Para un resultado final ciertamente apreciable y que permite considerar una cierta fijeza de los planos como un pecado de inexperiencia, lo que suele ocurrir cuando es un actor (o actriz) quien pasa detrás de la cámara.





