El 27 de mayo de 2025, en el puerto militar de Cherbourg, un gigante silencioso fue botado al agua. Su nombre: De Grasse. No es solo un submarino nuclear de ataque más; es el último fruto de un programa de 10 mil millones de euros que redefine el poder naval francés para las décadas venideras. Este lanzamiento marca un hito significativo en la modernización de la flota francesa, así como en el equilibrio estratégico de las fuerzas submarinas dentro de la OTAN.

Una nueva generación de submarinos nucleares

El De Grasse es el cuarto submarino nuclear de ataque (SNA) de la clase Barracuda, también conocida como clase Suffren. Este programa ambicioso, guiado por la Dirección General de Armamento (DGA) en colaboración con Naval Group y TechnicAtome, tiene la misión de reemplazar a los antiguos SNA de la clase Rubis, que entraron en servicio entre 1983 y 1993.

Para 2030, Francia planea poner en servicio seis de estos submarinos de nueva generación. El desafío es preservar su  superioridad submarina , garantizar la disuasión nuclear, y adaptarse a amenazas modernas, asimétricas y multidimensionales.

Una joya tecnológica y estratégica

Desde el punto de vista técnico, el De Grasse impresiona: 99 metros de largo y un desplazamiento de 4,700 toneladas en superficie y hasta 5,200 toneladas en inmersión. Su diseño prioriza la  furtividad acústica , la resistencia a largas patrullas y una modularidad que le permite llevar a cabo una variedad de misiones, desde ataques hasta  reconocimiento .

En el corazón de su sistema de propulsión se encuentra un reactor nuclear de agua presurizada, derivado del que se usa en el portaaviones Charles de Gaulle y en los submarinos de lanzamiento de misiles nucleares de clase Triomphant. Este sistema híbrido permite que el submarino permanezca en el mar más de 270 días al año, con una disponibilidad operativa casi continua. En otras palabras, es una verdadera  centinela submarina .

Una potencia de fuego temible

El De Grasse no se limita a observar; puede atacar. Fuertemente. A largas distancias. Gracias a los misiles de crucero navales (MdCN) de MBDA, el submarino puede apuntar a objetivos terrestres a más de 1,000 kilómetros. También está armado con misiles antibuque Exocet SM39 y torpedos pesados F21, los más avanzados del catálogo francés.

Sin embargo, lo que realmente distingue a la clase Barracuda es su capacidad multirrol. Con una cámara especial para buzos y un módulo opcional de tipo Dry Deck Shelter, permite el despliegue de comandos o drones submarinos. En caso de necesidad, el De Grasse se convierte en una plataforma de  guerra especial , una herramienta discreta para operaciones sensibles.

créditos : Groupe Naval/X

Una vitrina para la soberanía industrial francesa

Detrás del De Grasse, hay más de 2,500 personas, incluidos 800 subcontratistas, que trabajan cada día para hacer realidad el programa Barracuda. Naval Group es el contratista principal, apoyado por TechnicAtome para la parte nuclear. Este proyecto moviliza un tejido industrial nacional amplio, desde los grandes contratistas hasta las pequeñas y medianas empresas especializadas.

Este  saber hacer  completamente francés coloca a Francia entre las pocas naciones capaces de concebir, construir y mantener submarinos nucleares de ataque. Esto se convierte en una capacidad estratégica esencial en un contexto internacional cada vez más inestable.

Un impacto más allá de las fronteras

El De Grasse no servirá solo a los intereses nacionales. Fortalecerá la postura disuasiva de la OTAN, especialmente en el Atlántico Norte y el Mediterráneo. En tiempos en que las tensiones marítimas aumentan —desde los estrechos de Asia hasta las aguas árticas—, la presencia de tales barcos asegura una mejor comprensión del medio submarino y un poder de disuasión incrementado.

¿Y después?

El lanzamiento del De Grasse se inscribe en una secuencia dinámica: tras la puesta en servicio del Suffren en 2020, la del Duguay-Trouin en 2023 y el reciente lanzamiento del Tourville, la flota está tomando forma. El De Grasse comenzará sus ensayos en el mar en 2026, una vez finalizadas las pruebas en puerto.

El último submarino de la serie, el Casabianca, debería cerrar el programa hacia 2030.

Un cambio estratégico para Francia y Europa

Más allá de la hazaña técnica, el programa Barracuda marca un giro estratégico para Francia. Simboliza la voluntad de  independencia tecnológica  y de preparación ante nuevas amenazas. En un momento en que los fondos marinos se convierten en un nuevo espacio de competencia geopolítica, el De Grasse y sus compañeros de armas no son solo máquinas de guerra: son instrumentos de soberanía.



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